Estaba pensando en la razón por la cual uno deja "botado" un blog. Por experiencia personal, yo hice este blog para "contarle a alguien" sobre mi día, cómo me ha estado yendo en la U, etc. Es como cuando uno le escribe a una amistad que está fuera del país sobre cómo van las cosas por acá (y sí, es una directa a Nico, a quien extrañamos mucho, y esperamos que vuelva para una ronda gigante de pancakes :D). Sin embargo, ¿qué pasa cuando uno tiene a alguien a quién contarle todo? El blog queda en un segundo plano, y ese alguien se vuelve nuestro blog, con la ventaja de que tiene más gadgets, y un 99% de las veces te hará un comentario (y un 98% de las veces, casi que inmediatamente después del post XD). Y con Carla (que, por dicha, todo está saliendo de maravilla :D), admito que mi blog ya no me es TAN necesario como en meses anteriores (para ser exactos, 6 meses y 9 días :P).
Y resulta que hoy me ocurrió algo que me llamó la atención, y que fue una interesante lección. Resulta que estamos en final de semestre por acá, y como es usual, todos estamos con mil trabajos y exámenes encima. Y hoy, como buen estudiante, me puse a hacer una tarea que creía que sería fácil de hacer. Así que, relajado, me levanté a las 11, y me puse a hacerla. Empecé tranquilo, y llegué a la parte donde hay que aplicarse para sacar el algoritmo. Y, de la nada, me pegué. No sabía qué hacer. Literalmente, veía el problema como un muro gigante frente a mí, pequeña pulga brincadora. Y pasé como 4 o 5 horas viendo al problema, sin tocar siquiera el teclado, viendo a ver cómo hacía para salir adelante. Me ofusqué, me enojé, me harté, deseaba salir a vacaciones, me entró miedo por si perdía la materia, etc etc etc, típico ataque de fin de semestre. Y le pedí ayuda a mi compañero de grupo para ver cómo hacía. Y él tampoco lograba entrarle (aunque muy probablemente estaba ocupado con su parte del trabajo, y otras materias, lo cual es completamente entendible), pero me dijo que empezara por hacer lo más sencillo. Así que suspiré, me di un baño (me he dado cuenta que pienso mejor cuando me estoy bañando... cuerpo limpio, mente sana :P), y me senté frente al teclado. Y empecé. "Bien, lo más fácil es esto... duh... Si, ok, listo. Ahora, lo siguiente más fácil es esto. Y luego esto. Y luego esto. Ok, ahora viene lo difícil. Mm... mhm... Ok, entonces ocupo esto... Ajá... Ok, listo. Ahora, lo siguiente más difícil es... Listo...". Y de la nada, el problema empezó a solucionarse. Lograba avanzar, lo probaba para ver si funcionaba, y si no funcionaba, lo revisaba cuidadosamente, lo arreglaba, y seguía adelante. Y así hasta que ahora a las 3 de la mañana, terminé el problema. Me tomó 9 horas hacerlo (sí, tengo 9 horas programando, sin contar las 5 en las que gasté como 15 hojas en ver por dónde empezar), y ahora, hago pruebas y pruebas y pruebas, y el algoritmo que armé es más inteligente que yo. No es broma, ahora estoy medio dormido, y hago pruebas en lápiz y papel, y lo compruebo con el algoritmo, y no me da igual, pero porque lo hice mal escrito, y la computadora me corrigió. Así de eficiente me salió la solución. Claro, es un algoritmo de 400 líneas, y me falta otro similar, pero al menos ya tengo un problema resuelto.
La moraleja es que (y me parece una tontera, porque es algo que uno ya sabe, pero que se le olvida, ya sea por la chicha o por el cansancio, o por cualquier otra cosa) un problema en realidad es un conjunto de problemas de menor grado. Así que lo que una pequeña pulga debe hacer es buscar una saliente del muro a la que pueda llegar, y de ahí, buscar otra, y otra, hasta saltar el muro completo.
Por ahora, creo que iré a descansar, ya que me debo despertar en 5 horas para ir de paseo con la familia de Carla. Sin embargo, quiero darme el lujo de poner una frase que ahorita, me parece adecuada.
Veni, vidi, vici
Julio César