jueves, 3 de abril de 2014

Las cosas mejoran

No sé si ésta será la última entrada de mi blog, pero de fijo es de las últimas. ¿Y por qué? Porque la gente cambia. Y usualmente (gracias a Dios) las cosas mejoran. Releyendo las primeras entradas de este blog me hizo darme cuenta cuánto he cambiado. Del cielo a la tierra. Y hasta me agarró un sentimiento casi paternal; unas ganas de volver en el tiempo y decirme a mí mismo que las cosas mejoran, que uno se hace fuerte, uno madura, ve las cosas de otra manera... Y lo curioso es que sé que la gente me había dicho eso en aquel entonces, y nunca lo sentí como algo real. Ciertas lecciones solo se aprenden en carne propia. Y a veces es mejor que sea así.
Ya han pasado casi 6 años desde que abrí mi ventana. Y ni me di cuenta cuando ya no veía hacia el jardín a través de la ventana, sino que ya veía la ventana desde el jardín. Después de cierto punto, hay un cambio significativo en uno mismo, en la forma de ser, de hablar, de pensar, de comportarse, y es tan obvio que uno mismo lo ve y lo siente. Y en eso consiste crecer. Y quién sabe dónde estaré en dos años, o tres, o cinco. Al rato esto de crecer es constante y se repite varias veces en la vida. Pero algo me quedó hiper claro en este tiempo: pase lo que pase, las cosas mejoran.