Es curioso como a veces encontramos más fácil resolver los problemas de las demás personas a intentar resolver nuestros problemas. Y resulta más sencillo encontrar la solucíón a los dilemas ajenos que dar con la solución de nuestro problema. Yo, personalmente, encuentro mucha satisfacción en ayudar a los demás. Me hace sentir útil, realmente útil. Y me ayuda a olvidar mis problemas. Es, hasta cierto punto, una solución temporal.
Hoy escuché una pregunta interesante. "Si te concentras en resolver los problemas de los demás, ¿quién resolverá tus problemas?". Me sentí extrañado porque fue una pregunta a la que yo no le encontré respuesta. Al menos no una inmediata. Luego se me ocurrió "Buscar a alguien que resuelva los míos, y yo resuelva los suyos". Y, luego, por ideas extrañas, me imaginé que eso era parte del amor. Pero mejor no entremos ahí. Al menos no ahorita.
Me he percatado de que he estado esforzándome mucho en la universidad. Más de lo que hubiera imaginado alguna vez. Anoche me acosté a las 4 de la mañana, soldando un circuito que me tomó 6 horas terminar (por suerte, si funcionó). Pero mientras soldaba, y no sé si fue efecto del estaño que me hizo halucinar un momento, pero me pregunté si mi esfuerzo no se debía a que intentaba enorgullecer a alguien. Algo así como demostrarle a cierta persona que soy fuerte (no me pregunten... ni yo me entendí. Insisto... fue culpa del estaño...). Pero rápidamente borré la idea de mi cabeza. Sea o no cierto, no quiero pensar en ello. Encontré en el estudio algo que me ayuda a olvidarme de mis problemas. Excepto cuando tengo exámenes, entonces el estudio pasa de solución a problema.
Hoy tuve un recuerdo que no tenía hacía mucho tiempo. Yo estaba en una soda, hablando con mi mamá. Yo estaba en sexto, o más bien, acababa de terminar sexto y estábamos (mi mamá y yo) haciendo compras de útiles para empezar el colegio. Y, mientras comía en una soda, me comía un sándwich de jamón y queso, y me tomaba una malteada de melón en leche, vi a una pareja muy feliz, comiendo a tan sólo 3 mesas de donde yo estaba sentado. Y sí estaban muy felices. Sentí algo de envidia. Mejor dicho, sentí MUCHA envidia. Se veían tan felices que me hizo sentir ganas de pasar por lo mismo. Mientras me comía el sándwich, noté varias cosas. Ambos se conocían muy bien. Sabían casi lo que el otro iba a decir antes de que lo dijera, se reían de las mismas cosas, se molestaban mutuamente, se daban bocados entre ellos para probar la comida. Él, ocasionalmente, la majaba debajo de la mesa, a lo que ella respondía de la misma manera, y se reían. Y a veces, ella mojaba la nariz de su novio con la punta de su cuchara (estaba comiendo helados), y él se reía, pero antes de que él se limpiara, ella le daba un beso en la nariz y le quitaba el helado que tenía, y se volvían a reír.
Desde que los vi, sentí unas increíbles ganas de... sentir lo que ellos sentían. Claro, ellos ya tenían como veintitantos años, y parecían conocerse de años, y yo apenas estaba entrando al colegio. Pero, ¡qué ganas tenía (y tengo, admito) de sentir lo que ellos sentían! Y decidí que yo iba a sentir algo así. Simplemente, lo decidí.
Es un recuerdo extraño, y no sé por qué vino a mi mente hoy. Fue uno de esos momentos que no comprendemos. Desde entonces, no he vuelto a ésa soda, y rara vez recuerdo tal evento. Suena como un recuerdo común y corriente, pero en realidad, fue un gran momento para mí. Fue el momento en el que me percaté lo feliz que una persona puede llegar a ser con otra persona. O mejor dicho, lo felices que pueden ser dos personas, juntas. Siempre lo había imaginado, y las películas y todo, pero... No es lo mismo cuando uno lo siente en el aire. Y conozco a demasiada gente que, cuando ve a una pareja muy cariñosa, o que está muy enamorada, les dicen cosas como que hay demasiada miel, o que no repartan pan entre pobres. Y nunca logro entender por qué les incomoda tanto a la gente ver a una pareja feliz. ¿Tan tristes están que no se alegran por los demás? Al rato, estan con envidia, como me pasó a mí en la soda aquel día. Pero, desde que me percaté de lo felices que son las parejas felices (valga la redondancia redonda...), no me he sentido incómodo por las parejas que son felices (demasiadas veces "felices" en una frase!). No me importa si se están besando, o están abrazándose románticamente en el cine, o en el bus, o en una soda... ¡Están felices, y a mí no me debería importar! Para los que hemos tenido la dicha de estar así de felices con alguien, sabemos que cuando se está con la persona que uno realmente quiere, el mundo entero desaparece. Y yo no le veo nada de malo en ello. ¡Cuántas veces no hemos deseado que el mundo desaparezca!
En fin, ya me estoy poniendo nostálgico. Además, son las 3 y media de la mañana. Y todo fue culpa de Amélie. No fue "Ella cambiará tu vida", sino más bien, "Ella te recordará cuánto ha cambiado tu vida... Y cuántas veces ha cambiado". Bueno, será hasta la otra...
2 comentarios:
Pero dígame si se arrepiente.
(Ya sabe, si se arrepiente, le debo.)
jajaja ... mis amigas d la U y yo hemos andado en un ENORME mood anti happy-couples ... diay
Publicar un comentario