lunes, 14 de junio de 2010

Starry, starry night...

Bueno, han pasado demasiados meses desde la última vez que escribí algo. Y como es de esperar, han pasado demasiadas cosas desde esa última vez. Tantas que prefiero no entrar en detalles para evitar tener que escribir de aquí a pasado mañana.
Por cierto, hay que agradecer a Carla por el nuevo y mejorado blog que ven aquí. Quedó tan bonito, que era imposible no regresar a postear. Especialmente me gustan las estrellas del fondo. A decir verdad, siempre me han gustado las estrellas.
Recuerdo que cuando era más pequeño, en vacaciones iba con mi familia a la playa. Y ocasionalmente, para mi suerte, teníamos que viajar de noche en carro. Digo que era para mi suerte, porque adoraba viajar de noche (eso fue hasta que conseguí licencia de carro y me di cuenta de lo que sufría mi papá manejando de noche...). Usualmente el cielo estaba totalmente despejado y se veían tantas estrellas que era imposible no sonreír. En realidad, nunca me ha gustado ir a la playa. Le tengo un extraño odio a la arena. Sin embargo, cada vez que voy, aprovecho cada oportunidad que tengo para salir una noche y ver las estrellas.
Recuerdo especialmente una vez, no hace mucho, que fui a la playa con unos tíos y unos primos. Fuimos a la casa de uno de mis tíos, pero éramos tantos, que no cabíamos en la casa. Sin embargo, en la misma propiedad, pero subiendo una pequeña colina, había otra casa con camas y hamacas para dormir. Era una casita sencilla, pero tenía un segundo piso, y ese segundo piso era mi favorito. Aparte de que tenía una mini refrigeradora para meter comida y bebidas como para una semana, era más un ático con dos paredes, dejando una clara e impecable vista hacia el mar (el mar estaba a menos de 100 metros de la casa). En ese piso, había una hamaca puesta ligeramente inclinada para que no quedase incómodo el ver el océano. Claro, era una oscuridad absoluta, ya que el desarrollo en esa zona es, por dicha, muy tranquilo. Con esa oscuridad, era imposible ver el mar con claridad. Lo único que me aseguraba que la gran masa de agua seguía ahí era el reflejo de las estrellas en su superficie. Pocas veces he visto algo tan hermoso en mi vida. No se podía distinguir dónde terminaba el cielo y dónde comenzaba el mar y, con imaginación, se podía creer que el cielo se estaba extendiendo por debajo del horizonte. Y las estrellas... Las estrellas competían con la luna para ver quién brillaba más. Y creo que en ese momento habría dado lo que fuese por una fotografía. Un cielo que se expandía, un mar de estrellas, y dos lunas reflejándose una a la otra.
Esta entrada me acaba de recordar por qué me gustaba tanto escribir. Claro, cuando la vida se complica, es bueno poner lo que uno piensa en papel (o en html, en este caso...) para obtener una mejor perspectiva de las cosas. Pero para mí, no es tanto por los problemas. Es porque ocasionalmente, aún con problemas, se le puede contar a otras personas de momentos que para uno valen oro. Y al recordar esos momentos, uno revive las imágenes, los pensamientos y la calma que se sintió. Y a pesar de ser recuerdos, uno queda impregnado de esos sentimientos y puede seguir adelante con una sonrisa. Yo, por mi parte, me llevo conmigo mi mar de estrellas con sus dos lunas a dormir.
..It's good to be back...


No existe mejor viaje que el de regreso a casa.
R. Suárez

1 comentario:

Carla dijo...

It's good you're back! Claro que escribir es excelente! Catártico, completamente!

Sobre la playa, ya me encargaré yo de que te guste la playa; hay formas de lidiar con la arena...

Y sí, cuando lo vi, supuse que te iba a gustar ese fondo. Opté por ese por el tema de la ventana. Era ese o un cielo de día con nubes... Jackpot, I guess.

Enfin, el caso es que te adoro, guapo, and I'm so very really glad you're back.