domingo, 31 de agosto de 2008

Últimas horas con 18 años...


Bueno, una puerta se cierra, y otra se vuelve a abrir. Y éstas son mis últimas horas con 18 años. Suena un poco dramático, ¿no? Bueno, creo que tengo buenos fundamentos para ser dramático. Primero que todo, a los 18, uno es considerado ciudadano, así que haber recibido mi cédula de identidad fue muy importante (además, ya pude entrar a los bares de la Calle de la Amargura sin tener que pedir cédulas prestadas). Luego, aprender a conducir, un detalle muy importante. Luego, que desde entonces, he madurado mucho, y he intentado esforzarme cada vez más en mis estudios. Lo admito, desde el colegio he sido muy vagabundo, pero he ido mejorando. A los 18 años, conocí mucha gente, aprendí muchas cosas nuevas, y sobretodo, he aprendido sobre mí, y sobre los demás. Muchas cosas han sido excelentes, otras no tanto, pero el conjunto de eventos forman un collage que marcó mi vida. He ido soltándome con el tiempo, he aprendido a ser más extrovertido, he aprendido mucho sobre mis fuerzas, y mis debilidades (y cómo convertirlas en fortalezas). He aprendido que puedo cambiar y convertirme en quien quiero ser si realmente me esfuerzo en lograrlo. Puedo cambiar y mejorar, si realmente quiero. No me gusta dejar las cosas en manos del destino. Creo en el destino, pero creo que depende él de mí en muchas, muchísimas cosas. También aprendí que no debo forzar las cosas, que a veces se debe usar más la inteligencia y el sentido común que la fuerza. Aprendí que amar es una cosa, que depender de alguien es otra totalmente distinta, y que confundirlas es fácil. Más de lo que me gusta admitir. Aprendí que muchas cosas puedo hacerlas solo, y que si bien, tener a alguien ahí ayuda mucho, nada es imposible si yo me empeño en lograrlo. Al mismo tiempo, aprendí que nunca estoy solo, y que las mejores amistades se encuentran en los lugares menos pensados, y que los mejores momentos pueden pasar en el asiento de un bus, bajo una sombrilla en medio aguacero, en una pizzería, o incluso, bajo la lluvia, tirado en el jardín, sonriendo por el simple placer de sonreír. Aprendí que perdonar es sumamente importante para poder vivir, y que el rencor no lleva a ningún sitio. Aprendí a ser firme, a tomar decisiones difíciles, a cerrar puertas de ser necesario, y a decir "no". En estos 18 años, aprendí que tengo el don de hacer sonreír a las personas, y de animarlas, sin importar dónde, cuándo o quién. También, recordé que un papel con tinta no es más que papel con tinta, hasta que alguien agarra un instrumento y convierte esos dos elementos en la más dulce melodía, capaz de alivianar cargas y elevar sonrisas. Y sobretodo, en éste año, me di cuenta de lo que puede ser lo más importante de todo este año, y tal vez, de toda mi vida: NUNCA DEBO SUBESTIMAR MI PROPIO PODER. No importa con cuánta basura me llegué a encontrar en este año, logré salir adelante. Costó, pero aprendí. Y dolió, pero me volví más inteligente. Y comprendí que soy alguien muy fuerte, muy valioso, muy capaz, y que no debo ser tomado a la ligera por nadie (incluyéndome). Me siento orgulloso de lo que he logrado. Y agradecido por infinitas cosas. Y esto puede sonar tonto, pero ahora sé que si puedo lograr lo que yo quiera.
Y ahora que veo una puerta enorme cerrándose detrás de mí, veo otra todavía más grande abriéndose justo frente a mí. Se cierra un capítulo más de mi vida. Espero que todo salga bien para mí en mis 19 años. No sé que puede suceder, pero tengo unas cuántas ideas... Y termino mi última entrada con 18 años recordando una frase que escribí en una de mis entradas anteriores:
Y creo que por eso el cielo está ahí. Para recordarnos que necesitamos desviar la mirada de lo que tenemos enfrente y que nos es obvio, porque debemos ver más arriba del horizonte para apreciarlo, porque debemos ser capaces de dejar la razón de lado para poder entenderlo, y porque debemos ser capaces de soñar para poder sentirlo.

El cielo NO es mi límite... Es mi línea de partida.

1 comentario:

Carla dijo...

Happy, happy birthday to you! :)