martes, 27 de mayo de 2008

Guardando los recuerdos

El otro día estaba guardando todas las cosas que estaban decorando mi cuarto, pero que ya no debían estar ahí. Fue extraño, recordar el instante en que recibí cada cosa. Un par de dibujos coloridos, cartas, regalos, un peluche, una almohada y una cobija. Y a pesar de que todo esto me trajo muy lindos recuerdos, hubo una cosa que no se quería despegar de mi mano: un planificador. No pude evitar sonreír, porque recuerdo que cuando lo recibí, lloré de felicidad al leer lo que tenía. Un planificador del año 2007, pero que cada mes, tenía una pequeña carta de amor. Cosas como "qué haría sin tí :(" y "eres alguien dem especial". Todos los meses había una pequeña cartita de unas cuantas oraciones. Fue extraño tener ese planificador en mis manos anoche. Sabía que lo que contenía era algo sumamente bello y significaba mucho para mí. Y si bien, mi mente se devolvió al instante en el que lo recibí y la felicidad que sentí en ese momento, volvió de golpe al presente. Sentí nostalgia nuevamente, pero también sentí que no tenía porqué hacerlo. Con todo lo que ha sucedido, me di cuenta que muy probablemente, las cosas que estan escritas en el planificador, muchas de ellas ya no son ciertas. Así que realmente, el planificador no es tan importante ahora. Claro, contiene muchas cosas que me hicieron feliz, pero esas frases ya no adquieren el mismo significado ahora. Ahora son simplemente recuerdos de algo que solía ser. Y la nostalgia vuelve ocasionalmente, pero ahora tengo la fuerza para sacar esas ideas que solo intentan deprimirme. Ahora, es cuestión de esperar a ver que depara el futuro. Sea lo que sea. Realmente no siento que necesite algo en especial. Ahorita estoy bien. Pero si lo que está por venir me hará sentir mejor, excelente. No puedo reclamarle nada a nadie, ni a nada. Solo puedo pedirme más a mí mismo. Así que, decidí no leer más el planificador, y lo guardé junto con todos los recuerdos que tenía. Fue bello mientras duró. Pero ahora, solo queda seguir adelante, con esperanzas de que algo todavía más bello toque a mi puerta. Pero eso vendrá cuando tenga que venir. Y yo... Yo me prepararé para ser mejor de lo que ya soy.

lunes, 26 de mayo de 2008

Cambios

Pensar que hace una semana yo quería cortarme las venas con una cuchara de plástico (exageración). Me sorprendí a mi mismo ésta vez. Tal vez en serio me volví más fuerte con todo esto. El cambio que siento es muy fuerte. Y cada vez pienso menos en el problema, estoy más cerca de la solución, y cada minuto que pasa, me duele menos y sonrío más. Aprendí muchísimo en ésta semana. Estoy casi totalmente recuperado (un 98% aproximadamente), y mucho más tranquilo que antes. ¿Por qué? Porque (y ésto me costó verlo) ahora puedo mejorar por mí mismo. Aprendí que no DEPENDO de nadie para mejorar. Es decir, claro que necesito gente. Mis amigos, mi familia... Pero nadie es irremplazable. Y no dependo de nadie para ser realmente feliz si esa persona no desea estar ahí conmigo. Necesito personas que me quieran tanto como yo las quiera.
A veces estamos en situaciones en las que sabemos que algo no está bien, pero no queremos ver que eso no nos deja mejorar. Creemos que "estamos bien" cuando realmente, no lo estamos. Uno tiene derecho a ser feliz y a mejorar. Si hay alguien o algo que no nos hace feliz, no tenemos porque seguir ahí. Cuesta al principio, acostumbrarse, pero en verdad, es para lo mejor. Es una oportunidad de volver a ver hacia atrás, ver qué no estaba bien, y seguir adelante y hacia arriba.
Yo que creí que estaría mal por un largo rato, y resultó menos de lo que esperaba. Claro, uno siempre está algo vulnerable al principio, por eso hay que tener cuidado, y no dejar que nos hagan daño. Pero yo siento que ya no soy tan vulnerable. Es decir, ahora puedo ver todas las cosas que hay frente a mí. Una pérdida que resultó para bien. Es lo mejor que puede pasar. Es un gran cambio el que tuve, y mejoré. Y no me imagino los cambios que vendrán en el futuro... Si todo esto pasó en una semana, ¿qué pasará más adelante? No puedo esperar por ver lo que sucederá. Pero sé que será genial.

domingo, 25 de mayo de 2008

En reparaciones!

El sentimiento de que pronto, las cosas estarán mejor (incluso mejor que antes!) es realmente bello. Es la luz al final del túnel que tanto se espera. A veces uno, en momentos malos, cree que si uno vuelve en el tiempo, volverá a estar bien, y toma mucha madurez para darse cuenta de... "Un momento... ¿Yo estaba realmente bien antes?". No quiero despreciar a nadie, ni mucho menos. No diré que no la pasé bien antes. Un recuerdo, sin importar cuál sea, se debe mantener presente, porque de toda experiencia, se saca algo bueno. Pero, realmente, tengo que decir que antes, yo no estaba del todo bien. ¿Por qué algunas cosas terminan? Es sencillo. Porque no funcionan del todo bien. Si algo funciona, no tiene porque terminar. Si algo esta fallando, alguien se dice: "Hmm... Tal vez... Tal vez no deba estar así, aquí..." y si el problema no se arregla, o no se quiere arrelgar, ¿que pasa? TERMINA. Punto. Así de sencillo. No es necesario ver de quién es la culpa, o algo así. No tiene sentido ir cazando brujas por ahí. Si algo no se dio, y termina, creo que es mejor que se terminara a que siguiera creciendo la bola de nieve hasta que se convierta una avalancha y el daño que produzca fuese cinco veces peor.
Por mi parte, ya veo la luz al final del túnel. ¿Por qué? Porque siento que ahora puedo ver porqué es mejor que hubiese terminado. Veo realmente el punto positivo en todo esto. Claro, antes tuve momentos muy felices y que voy a extrañar. Pero agradezco que el daño de ahora lo puedo sobrellevar y vencer, porque tal vez el daño que hubiese provocado en el futuro hubiese sido demasiado para mi. Tuve momentos preciosos, muy felices, y recuerdos que nunca olvidaré. Pero no serán los últimos recuerdos que tendré. Ahora, es momento de sacar la basura, entrar en reparaciones, y empezar a armar recuerdos IGUAL o MAS lindos que los que tengo ahora. No voy a quedarme sentado esperando a que se abra una puerta sin la certeza de si se abrirá un día o no. Tal vez se llegue a abrir, pero realmente, ahora no es mi preocupación más importante. Ni cerca de ser la más importante. Mi preocupación ahora soy YO. Arreglarme, mejorar, seguir adelante, abrir nuevas puertas, CONSTRUIR nuevas puertas, cruzarlas, cerrarlas, abrirlas, observarlas, etc etc etc. Ahora tengo más capacidad de ver el enorme poder que tengo, y que todos tenemos. Tengo muchos datos que me confirman lo increíbles que somos todos. Nos golpeamos una y otra y otra y otra vez, y aún así, nos levantamos, y con el tiempo, nos curamos. Arreglaré mi vida de un momento a otro, seguiré adelante, y no esperaré por una puerta sin certeza de qué rayos pasará con ella. Si lo hago, tal vez me perderé la oportunidad de encontrar UNA PUERTA MEJOR que está escondida al final de un largo pasillo frente a mí. Soy una gran persona, y tengo MUCHA gente que me apoya y me lo confirma, y les estaré siempre agradecidos. No desperdiciaré esto que soy. Soy muy bueno para quedarme sentado. No puedo quedarme sentado y no lo permitiré. Yo me arreglaré, me levantaré y seguiré adelante. Es cuestión de un poco de tiempo. El dolor volverá de vez en cuando, por ahora. Pero no por mucho. Además, NUNCA SE SABE. Y con eso, me refiero a que... tal vez, TAL VEZ, me encuentre pronto a una MEJOR PUERTA. Jajaja... Nunca se sabe...

viernes, 23 de mayo de 2008

Un cuento...

Un día, en una escuela, el profesor paseaba entre los pupitres entregando las calificaciones del último examen. Al llegar a Esteban, un niño de pelo desordenado y la cara siempre sucia, el maestro negó con la cabeza y dejó caer el examen sobre el pupitre con un gesto de decepción. Esteban ni siquiera lo miró. Ya sabía que en el encabezamiento de la hoja de respuestas encontraría un cero enmarcado en rotulador rojo.
“Muy mal”, rugió el maestro. “No has dado ni una, Esteban. Ni en geografía, ni en matemáticas, ni en literatura…”
“Yo sé”, dijo el chico. “Pero yo no pierdo la esperanza”.
“Pues no faltaría más. Jamás hay que perder la esperanza de aprender.”
“No, no”, repuso Esteban. “Se equivoca. De lo que no pierdo la esperanza… es de que un buen día el sol salga por el oeste, que la hipotenusa forme un ángulo recto, los sonetos se escriban en alejandrinos y la capital de Canadá sea Bucarest.”

No se necesita estar en lo correcto para poder tener esperanza. Puede que el sol no salga por el oeste, pero, ¿quién dice que no puede pasar? Es poco probable, pero uno nunca sabe lo que puede suceder. Y no importa cuánto nos digan que está mal, que no va a pasar, uno siempre cree que ese buen día va a llegar. Esta entrada es corta, pero deja bastante para pensar. Quién sabe... Tal vez cuando mi sol salga por el oeste, la gente dirá "Él fue el que nunca perdió la esperanza". Aunque no hará mucha diferencia lo que digan. Mi sol habrá salido finalmente.



miércoles, 21 de mayo de 2008

Aullando a la luna

¡Qué ganas de simplemente gritar! Salir a la calle y gritar y gritar y gritar... Desahogarse por completo. Llorar, reir, bailar, cantar, dormir... Lo que sea. ¡Pero hacerlo! Y a veces es tan necesario que se sorprendería de lo bien que se siente después de hacerlo. Hoy salí en la noche a la lluvia. Me puse pantaloneta, una camisa vieja, sandalias y sali a caminar en la lluvia. Se sintió tan bien... Refrescante y relajante. Me senté frente a mi casa a llorar... Luego, me puse de pie y empecé a correr. Corrí y corrí y corrí. Y luego me tiré en el césped a mirar el cielo. Llovía tanto. Parece que llora conmigo. Me sentí acompañado en ese momento. Fue extraño y especial. Aparte de que me puedo enfermar y bla bla bla... Es algo que me ayudó mucho... En parte. Me dio nostalgia, me trajo recuerdos, y me hizo llorar. Pero hice algo que quería: salir a la lluvia. Si uno pudiera hacer lo que uno deseara...
Ha llovido toda la tarde y la noche. Salí de clases a la 1 de la tarde, y luego me fui a la parada de buses donde estuve tantas veces, y me trajo tantos recuerdos felices. Estuve ahí un largo rato. Incluso empezó a llover, y yo me senté y me quedé ahí un rato, recordando, soñando, imaginando... Y casi podía verme a mí mismo en ese lugar, antes, acompañado... Casi me podía oír riendome. Se ve tan lejano ahora...
Hoy escribí una canción. Dicen que los mejores artistas hicieron sus mejores obras en sus peores momentos. Pues, mi canción no será recordada por la historia, y no sé si algún día se la cantaré a alguien... Pero la escribí para desahogarme. Probablemente nadie pueda entenderla... Son cosas muy significativas y que para entenderlas se tenía que haber estado ahí. Cosas como "entre estrellas y galaxias" o "dos bocas se separaron y una gota al suelo fue a parar". Creo que hice la canción no solo para desahogarme, sino para no dejarme olvidar. Suena tonto, jamás olvidaré todo lo que ya pasó. Pero quiero dejarlo en papel, y decorarlo con música... Darle el reconocimiento que merece a tan dulces recuerdos.
Siento que unos días voy hacia adelante, y que otros, doy un paso atrás. Mi humor cambia como cambia de dirección el viento. Es incómodo y sobretodo confuso. A veces estoy esperanzado, a veces estoy desesperado y otras intento ser indiferente (sin mucho éxito, honestamente). Es parte de el proceso de adaptación a la nueva situación, creo yo. En menos de una semana, he tenido que hacerme a la idea de que muchas cosas no las puedo hacer más. Llamadas, mensajes, correos, conversaciones, sentimientos... muchas cosas he tenido que guardarlas para mí mismo porque ya no puedo compartirlas como antes. Al menos no por ahora (me gusta pensar eso). Y a pesar de que intento ser positivo, creer que las cosas se arreglarán algún día, como ya sucedió en el pasado, no puedo evitar sentirme descorazonado en ocasiones. Y vacío. Vacío porque estoy lleno de tantas cosas que no puedo sacar. Suena extraño, pero ciertamente se siente peor de lo que se oye. Realmente resulta muy confuso. La esperanza, combinada con el vacío, se vuelve una contradicción dentro de uno. Una especie de vórtice que te tira a un lado para luego jalarte hacia otro lado. Mi cabeza da vueltas, y no logro salir del remolino de ideas, sentimientos, impulsos y demás. Por ahora, intentaré sacar mi cabeza del agua y tomar algo de aire, e intentar no perder la esperanza. Es lo que me mantiene nadando. Y en mi mente, sigue el eco de las palabras "Nunca se sabe...".
Aún cuando suena el teléfono y por un segundo me lleno de esperanza hasta que veo quién me llama para, en un suspiro, devolver la esperanza a su caja de pandora. O cuando abro el correo esperando un mensaje que no ha llegado... aún... La esperanza está en todos lados, es cuestión de agarrarla y sostenerla con las dos manos. No dejar que se escape. Si es necesario, la perseguiré. Pero no dejaré que se me acaben las esperanzas. Si es necesario, dormiré todo el día, porque en mis sueños, nada malo ha pasado. No recuerdo nada triste, y todo está bien. Y por un breve momento, vuelve todo a la normalidad, como debería ser. Y tal vez... como volverá a ser algún día. Nunca se sabe...

martes, 20 de mayo de 2008

De frente

Otro día más. Y ya me voy acostumbrando. A veces me vuelve el dolor, pero creo que ya voy acostumbrándome. Y además, de repente, tengo un presentimiento de que algo bueno va a pasar. No se qué. Puede ser CUALQUIER cosa. Pero algo bueno va a pasar. De eso estoy seguro. Pueden ser tantas cosas. Puede ser algo que espero con muchas ansias, o puede ser algo que no me veía venir. Quién sabe... Pero siento algo distinto.
Estoy sintiéndome más fuerte. Siento que puedo lidiar con la situación más fácilmente. Ya sea que algo cambie, o se mantenga como está, siento que puedo manejarlo. Insisto, el dolor sigue, pero yo me acostumbro cada día más. A veces me vuelvo a deprimir, pero no me dejo pensar en algo triste. Salgo y me doy una vuelta. Saco el carro y me voy a pasear, a comprarme un helado. O salgo a caminar y me hecho bajo un árbol. O voy a mi lugar favorito a ver el atardecer. No me dejo deprimirme. Claro, en la universidad trato de aparentar que soy una piedra y que estoy 100% bien. No es totalmente cierto... Pero paso a paso, cada día es mejor que el anterior. Y a veces es cansado intentar sonreír cuando no se sienten las ganas de hacerlo. Pero cuando salgo por mí mismo, no tengo que fingir nada. Soy yo mismo. Y a veces parezco loco, porque me pongo a hablar solo. Pero tengo que desahogarme con alguien, así que el viento es mi compañero en estas situaciones. Muchas cosas las sigo extrañando, tengo que ser honesto. Muchas cosas. Pero... nunca se sabe. Trato de aprender lo mejor de las situaciones difíciles para que, la próxima vez, no pase lo mismo que pasó, y aprovechar lo que aprendí para mejorar. Y... sé que algo bueno va a pasar. Tarde o temprano... Algo bueno va a pasar. Por mientras, de frente. Ese es el título de hoy. De frente. Listo para lo que venga. Sea lo que sea... estoy listo. Ya no es como antes. Ahora soy un poco más fuerte. Siento que soy más capaz de experimentar cualquier situación con más facilidad. Sea cual sea, siento que tengo más fuerza. Tal vez no fue la mejor manera de adquirir ésa fuerza. Pero ya que la necesito, la debo sacar de algún lado. No todo está perdido. ¡La esperanza sigue ahí! No sólo la esperanza de que las cosas se arreglen y vuelva a ser como antes... Tambíen tengo la esperanza de que lograré salir de la tristeza. Tengo certeza de que saldré de ésta. Tal vez el dolor no se vaya, tal vez las cosas no se arreglen y vuelvan a ser como antes. Me encantaría que si, el dolor desapareciera y poder arreglar los pedazos rotos. Tal vez no se arreglen. Pero... ¡tal vez si! Hay que ser positivo. Pero, de algo SI estoy 100% seguro. Saldré de ésta. Si puedo arreglar las cosas, las arreglaré. Pero al menos... puedo estar tranquilo de que tengo la capacidad de seguir adelante. Es decir, puedo seguir adelante sin necesidad de perder la fe de arreglar las cosas. ¿Por qué no? Seguir adelante significa no quedarse atorado. No quedarse en el pasado. Seguiré adelante Y no perderé la fe. Esa es mi decisión. Y tengo la fuerza para hacerlo. Así que, lo haré. Lo lograré. Estoy trabajando en ello desde ahora. Poco a poco... ¡pero lo lograré!

lunes, 19 de mayo de 2008

Quiero

Quiero soñarte
como te soñé ayer
pero mis ojos no se cierran
y mi corazon no quiere ceder.

Quiero en tus ojos reflejarme.
Quiero verte sonreír.
Pero un mar entero me nubla
y no deja campo para sentir.

Mi pecho me pesa
el aire se me escapa
mis labios no se rehúsan;
tiemblan, me fallan.

Se oye la noche venir
el frío quiere apoderarse de mi ser.
Yo solo quiero una vez más
cobijarme con tu piel.

Quiero volver a soñar
sosteniendo tu mano.
Quiero... yo quiero...
Quiero tenerte a mi lado.

Jose I. Dobles

No hay mal ni bien que dure 100 años

Un nuevo día, y todo comienza de nuevo. La universidad, las tareas, responsabilidades. A veces me gustaría poder tener un día libre o permiso de tener un feriado cuando uno lo necesitase en serio. Hoy sería mi día libre. Sería hoy porque hoy sentí el cambio realmente. La llamada de los buenos días, el "estare pensando en vos"... Cosas que me hacían sonreír y que cuando se van, dejan un vacío. Lo feo es pensar en que nunca imaginé que la última vez que lo oí, sería eso... la última. Habría grabado el momento, habría disfrutado como se sentía, y sobretodo, no habría colgado nunca...
Siempre digo que hay que aprovechar las cosas que tenemos porque nunca se sabe cuando se irán. Y siempre trato de vivir de acuerdo a esa idea. No quiere decir que hay que hacer desastres... Sino valorar las cosas buenas que tenemos. Yo aprecié cada momento tanto como pude. Eso me mantiene tranquilo porque no desperdicié ni un solo instante. Pero nunca es suficiente..."can't get enough", diría yo. Nunca hay suficientes momentos dulces y felices. No se pueden tener suficientes "te quiero", ni suficientes abrazos. No se puede subestimar la maravilla de una gota de lluvia. No se puede ignorar un majestuoso atardecer. No se puede olvidar una sonrisa. Son cosas que uno no se puede permitir pasar por alto. Nunca dejé que mis labios fueran una cárcel para las cosas que quise decir, sino que fueran un instrumento para demostrarlas mejor. Y nunca desaproveché la oportunidad de demostrar lo que sentía. No recuerdo quien dijo esto, pero es muy cierto: "En el momento de morir, poder recordar una buena vida es como vivir dos veces". Quiero seguir adelante y mirar atrás y decir: "No me arrepiento de nada" con una sonrisa en el rostro. No hay mal ni bien que dure cien años. No existe nada que nos dañe por tanto tiempo, así que no hay que perder la esperanza de ver venir la luz al final del túnel, y tampoco existe nada que nos haga felices para siempre, así que hay que aprovechar cada instante de ésa felicidad. Si tengo algo que decir, lo digo, si tengo algo que expresar lo expreso. Si quiero llorar, lloro, si quiero sonreír, hago que sonrían conmigo. Y pronto, no sé cuándo, pero pronto, vendrán otros momentos de felicidad, y aunque no durarán 100 años, disfrutaré 99 felices años y aprovecharé cada instante como si fuera el último.

domingo, 18 de mayo de 2008

Nunca está mas oscuro que cuando va a amanecer

Es cierto... Cuando estamos en lo peor, no se puede sino mejorar. No queda opción. Es eso o la inexistencia. ¿Y quién en su sano juicio decide "no existir"? Tal vez el que cree que hace más daño que bien, no solo a sí mismo, sino a lo y los que lo rodean. Es natural. Es parte de la naturaleza. Mejorar. Sobrevivir tan bien como se pueda y ayudar a otros a sobrevivir de la misma manera.
Hoy amanecí sin recordar nada de lo que me duele. Todo estaba tranquilo. Era un lindo día, soleado, como para salir a caminar. Y duré unos minutos así. Y luego recordé. Aunque no fue tan terrible como ayer, y será menos mañana, sigue siendo lo que es. Tal vez el dolor no se vaya nunca. Al rato es cuestión de acostumbrarse a él. Y llega un punto en que simplemente olvidas que está ahí. Pero siempre hay momentos en que recuerdas que te acompaña siempre, solo que a veces está más callado que otras. Es bueno distraerse, salir, intentar no recordar lo que nos hace daño (y que no necesariamente es malo). Para eso están los amigos, ¿no? Para ayudarte a olvidar. Tengo que decir que tengo excelentes amigos. Simplemente excelentes. No hay otra forma de describirlos. Me llaman, me mandan mensajes, me invitan a salir, me hacen sentir mejor... Me dan una buena parte de lo que necesito para seguir adelante. Estoy mejorando porque ellos me empujan cuando lo necesito. Nunca se está completamente solo. Es bueno saberlo.
Todavía no me siento recuperado del todo. Pero voy mejor de lo que esperaba. Mucho mejor, a decir verdad. La primera vez, estuve destrozado por semanas. Ahora, no es lo mismo. Es decir, el dolor está ahí, y se volvió más fuerte. Pero, yo también me he vuelto más fuerte. "Dios nunca nos da más de lo que podemos manejar". Alguien que quiero mucho me dijo eso, y tiene razón. Muchas veces se está "al borde", que ya no se puede más. Y sin embargo, de una u otra forma, estamos aqui, ¿no? Seguimos adelante. O lo intentamos, al menos. Pero eso ya es síntoma de una gran fortaleza. Creo que el ser no sabe con certeza que puede lograr lo que sea (y digo, lo que sea), y que muchas veces, necesita un golpe para darse cuenta de que tiene que intentarlo para sobrevivir, y lo logra. Nunca me deja de sorprender la capacidad que tenemos para recuperarnos. El corazón sí duele cuando se está triste. Una presión en el pecho que te quita parte de la respiración y te saca lágrimas. Nunca lo creí hasta que lo sentí. Es horrible. Pero poco a poco, todo vuelve a la normalidad. Se apapta a la nueva situación, reestructuras tu vida, e intentas seguir adelante. No diré que me olvidaré de todo lo que pasó. Jamás lo haré. Fueron los mejores años de mi vida, y jamás había sido tan feliz. Aprendí mucho. Y sigo creyendo que ésa felicidad puede volver más adelante. Puede que sea difícil ahora, y no sé cuando volverá todo a estar bien. Pero tengo fe de que el amanecer que espero vendrá, tarde o temprano. Y yo seré más fuerte para entonces, y haré que brille como nunca antes. Y esa es mi motivación para seguir adelante.

sábado, 17 de mayo de 2008

Cien puertas y una ventana

Desde hace mucho tiempo, en un momento de mi vida muy difícil (de ésos que involucran sueños rotos), mi madre me dijo una frase que su padre le había contado y que le había servido mucho: "Una puerta se cierra y cien se abren... y una ventana". En otras palabras, cuando algo sale mal, cuando algo nos golpea la cara de un portazo y nos hace daño, a veces uno está tan concentrado en tratar de abrir esa puerta que no se da cuenta de las cien más que están ahí esperando que uno las cruce, y una ventana esperando que uno salte por ella. Pues bien, recientemente, esta frase ha vuelto a tomar sentido en mi vida. Ya lo hizo una vez, y por las mismas razones de ése entonces, vuelve a tomar sentido ahora.
En mi caso, ahora realmente necesito sacar muchas cosas de mi mente. Necesito compartir esto con alguien (en primera instancia, conmigo mismo) y siento que escribiendo, ordenaré mis pensamientos, al menos un poco. Así que, decidí que ésta será mi ventana. La pequeña abertura por la que intentaré dejar caer lo más pesado en mí.
Pues bueno... tal vez los que no me conocen, o con los que casi no hablo, se pregunten que rayos me pasó. Honestamente, no me siento tan... conciente del asunto como para hablarlo por acá. Primero tengo que hacerme a la idea de que no es una pesadilla, de que no fue algo que imaginé, sino que es la dura y cruda realidad (suena dramático, pero creo que tengo un poco de derecho de serlo).
En mi opinión, cuando sucede algo que te va a cambiar la vida y que no lo veías venir del todo, la parte más difícil es no quedarse pegado en la situación. Cuesta muchísimo (para algunos más, para algunos menos) no crearse una fijación en el problema y seguir adelante. Ese forcejeo con la puerta para intentar que se abra, o pasar el tiempo viendo a ver si se quiere abrir sola, aunque sea un centímetro... Eso para mí es lo más difícil de no hacer. Me cuesta mucho hacerme a la idea de que, algo que solía ser natural para mí, que era lo más normal y a la vez muy importante, ya no estará ahí. Que ya no será normal, no será natural, y sigue siendo importante. Eso es lo que me mata. Sin embargo, siento que algo cambió a la vez pasada. Algo no es lo mismo en mí. ¿Será madurez, será experiencia, o qué será? No sé con certeza, pero sí siento que... que ésta vez no dejaré que pase el tiempo, yo sentado frente a la puerta. "Nunca digas nunca"... otra de mis frases favoritas. ¿Quién sabe? Esa puerta se puede volver a abrir algún día. En un mes, en un año, nunca se sabe. Personalmente, me gustaría que si se volviera a abrir... Pero no quiero forcejear para que se abra. Si se abre, es porque quiere dejarme pasar. Mientras tanto, yo seguiré adelante, viendo qué puertas me convienen, y qué puertas debo dejar cerradas.
Es duro, muchos saben que sí es duro. Los momentos más difíciles para mí son 3: 1) En las mañanas, cuando uno se está levantando y no está seguro de qué es sueño y qué es realidad, con ocasiones breves de felicidad hasta que la realidad nos aplasta... Es feo que la esperanza vuelva por unos segundos antes de que se vuelva a escapar entre los dedos. Y sin embargo, la esperanza nunca se va del todo... 2) En las noches, porque a veces siento miedo de soñar con lo que solía ser, y porque sé que me dolerá cuando me despierte. Es el umbral a un mundo de sueños que no separa las realidades de las fantasías, que mezcla todo en un solo conjunto y que no puedes controlar ni discernir. En los sueños, todo es como uno quiere que sea. 3) Cuando se cierra otra puerta. Al menos en mi situación actual... Ahora perdí un pedestal muy importante en el que me podía apoyar, y si se cierra otra puerta, el tambaleo que se produce... simplemente horrible.
Estas 3 situaciones son las que tengo que aprender a confrontar. No puedo quedarme sentado esperando a que se abra la puerta, ni sé si se volverá a abrir (aunque deseo que algún día lo haga), pero hay que ser fuerte. No diré que no lloraré. Tampoco diré que no extrañaré. Pero... lucharé por seguir adelante. El tiempo sabrá. Al rato solo se necesita madurez. Al rato es cuestión de tiempo. No se dio... pero por ahora. Yo seguiré viviendo de acuerdo a lo que yo considero correcto, seguiré creciendo, madurando, no me descarrilaré, y sobretodo, no perderé la fe de que, algún día, sean ciento ún puertas... y una ventana.