Un día, en una escuela, el profesor paseaba entre los pupitres entregando las calificaciones del último examen. Al llegar a Esteban, un niño de pelo desordenado y la cara siempre sucia, el maestro negó con la cabeza y dejó caer el examen sobre el pupitre con un gesto de decepción. Esteban ni siquiera lo miró. Ya sabía que en el encabezamiento de la hoja de respuestas encontraría un cero enmarcado en rotulador rojo.
“Muy mal”, rugió el maestro. “No has dado ni una, Esteban. Ni en geografía, ni en matemáticas, ni en literatura…”
“Yo sé”, dijo el chico. “Pero yo no pierdo la esperanza”.
“Pues no faltaría más. Jamás hay que perder la esperanza de aprender.”
“No, no”, repuso Esteban. “Se equivoca. De lo que no pierdo la esperanza… es de que un buen día el sol salga por el oeste, que la hipotenusa forme un ángulo recto, los sonetos se escriban en alejandrinos y la capital de Canadá sea Bucarest.”
viernes, 23 de mayo de 2008
Un cuento...
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1 comentario:
Woooooooooow. Cool!
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