viernes, 23 de mayo de 2008

Un cuento...

Un día, en una escuela, el profesor paseaba entre los pupitres entregando las calificaciones del último examen. Al llegar a Esteban, un niño de pelo desordenado y la cara siempre sucia, el maestro negó con la cabeza y dejó caer el examen sobre el pupitre con un gesto de decepción. Esteban ni siquiera lo miró. Ya sabía que en el encabezamiento de la hoja de respuestas encontraría un cero enmarcado en rotulador rojo.
“Muy mal”, rugió el maestro. “No has dado ni una, Esteban. Ni en geografía, ni en matemáticas, ni en literatura…”
“Yo sé”, dijo el chico. “Pero yo no pierdo la esperanza”.
“Pues no faltaría más. Jamás hay que perder la esperanza de aprender.”
“No, no”, repuso Esteban. “Se equivoca. De lo que no pierdo la esperanza… es de que un buen día el sol salga por el oeste, que la hipotenusa forme un ángulo recto, los sonetos se escriban en alejandrinos y la capital de Canadá sea Bucarest.”

No se necesita estar en lo correcto para poder tener esperanza. Puede que el sol no salga por el oeste, pero, ¿quién dice que no puede pasar? Es poco probable, pero uno nunca sabe lo que puede suceder. Y no importa cuánto nos digan que está mal, que no va a pasar, uno siempre cree que ese buen día va a llegar. Esta entrada es corta, pero deja bastante para pensar. Quién sabe... Tal vez cuando mi sol salga por el oeste, la gente dirá "Él fue el que nunca perdió la esperanza". Aunque no hará mucha diferencia lo que digan. Mi sol habrá salido finalmente.



1 comentario:

Carla dijo...

Woooooooooow. Cool!