Desde hace mucho tiempo, en un momento de mi vida muy difícil (de ésos que involucran sueños rotos), mi madre me dijo una frase que su padre le había contado y que le había servido mucho: "Una puerta se cierra y cien se abren... y una ventana". En otras palabras, cuando algo sale mal, cuando algo nos golpea la cara de un portazo y nos hace daño, a veces uno está tan concentrado en tratar de abrir esa puerta que no se da cuenta de las cien más que están ahí esperando que uno las cruce, y una ventana esperando que uno salte por ella. Pues bien, recientemente, esta frase ha vuelto a tomar sentido en mi vida. Ya lo hizo una vez, y por las mismas razones de ése entonces, vuelve a tomar sentido ahora.
En mi caso, ahora realmente necesito sacar muchas cosas de mi mente. Necesito compartir esto con alguien (en primera instancia, conmigo mismo) y siento que escribiendo, ordenaré mis pensamientos, al menos un poco. Así que, decidí que ésta será mi ventana. La pequeña abertura por la que intentaré dejar caer lo más pesado en mí.
Pues bueno... tal vez los que no me conocen, o con los que casi no hablo, se pregunten que rayos me pasó. Honestamente, no me siento tan... conciente del asunto como para hablarlo por acá. Primero tengo que hacerme a la idea de que no es una pesadilla, de que no fue algo que imaginé, sino que es la dura y cruda realidad (suena dramático, pero creo que tengo un poco de derecho de serlo).
En mi opinión, cuando sucede algo que te va a cambiar la vida y que no lo veías venir del todo, la parte más difícil es no quedarse pegado en la situación. Cuesta muchísimo (para algunos más, para algunos menos) no crearse una fijación en el problema y seguir adelante. Ese forcejeo con la puerta para intentar que se abra, o pasar el tiempo viendo a ver si se quiere abrir sola, aunque sea un centímetro... Eso para mí es lo más difícil de no hacer. Me cuesta mucho hacerme a la idea de que, algo que solía ser natural para mí, que era lo más normal y a la vez muy importante, ya no estará ahí. Que ya no será normal, no será natural, y sigue siendo importante. Eso es lo que me mata. Sin embargo, siento que algo cambió a la vez pasada. Algo no es lo mismo en mí. ¿Será madurez, será experiencia, o qué será? No sé con certeza, pero sí siento que... que ésta vez no dejaré que pase el tiempo, yo sentado frente a la puerta. "Nunca digas nunca"... otra de mis frases favoritas. ¿Quién sabe? Esa puerta se puede volver a abrir algún día. En un mes, en un año, nunca se sabe. Personalmente, me gustaría que si se volviera a abrir... Pero no quiero forcejear para que se abra. Si se abre, es porque quiere dejarme pasar. Mientras tanto, yo seguiré adelante, viendo qué puertas me convienen, y qué puertas debo dejar cerradas.
Es duro, muchos saben que sí es duro. Los momentos más difíciles para mí son 3: 1) En las mañanas, cuando uno se está levantando y no está seguro de qué es sueño y qué es realidad, con ocasiones breves de felicidad hasta que la realidad nos aplasta... Es feo que la esperanza vuelva por unos segundos antes de que se vuelva a escapar entre los dedos. Y sin embargo, la esperanza nunca se va del todo... 2) En las noches, porque a veces siento miedo de soñar con lo que solía ser, y porque sé que me dolerá cuando me despierte. Es el umbral a un mundo de sueños que no separa las realidades de las fantasías, que mezcla todo en un solo conjunto y que no puedes controlar ni discernir. En los sueños, todo es como uno quiere que sea. 3) Cuando se cierra otra puerta. Al menos en mi situación actual... Ahora perdí un pedestal muy importante en el que me podía apoyar, y si se cierra otra puerta, el tambaleo que se produce... simplemente horrible.
Estas 3 situaciones son las que tengo que aprender a confrontar. No puedo quedarme sentado esperando a que se abra la puerta, ni sé si se volverá a abrir (aunque deseo que algún día lo haga), pero hay que ser fuerte. No diré que no lloraré. Tampoco diré que no extrañaré. Pero... lucharé por seguir adelante. El tiempo sabrá. Al rato solo se necesita madurez. Al rato es cuestión de tiempo. No se dio... pero por ahora. Yo seguiré viviendo de acuerdo a lo que yo considero correcto, seguiré creciendo, madurando, no me descarrilaré, y sobretodo, no perderé la fe de que, algún día, sean ciento ún puertas... y una ventana.
1 comentario:
¡Ánimo, Nacho!
Recuerde todo lo que hablamos, y además que cuenta con la mejor ayuda del mercado... *cough* jaja...
Y bueeeno, el consultorio sí está abierto las 24 horas... Es que ayer se dio una coyuntura extraña entre que mi celular estaba en silencio y yo en estado de coma profundo... Jeje...
Pero fuera de eso, ¿para qué estamos si no?
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