martes, 24 de junio de 2008

Los sueños


En todo el día, el tema de los sueños no ha salido de mi mente. Perseguir sueños... ¿Qué hay de malo en eso? Los sueños son nuestras metas, lo que queremos lograr, lo que queremos que suceda. Soñar nunca ha hecho mal a nadie (espero...). Además, nos da algo por qué esperar. A veces me pregunto de dónde saco la motivación para levantarme cada mañana. Y creo que son los sueños. Cada mañana me levanto y pienso en las cosas que tengo que hacer, y en las cosas que quiero hacer y en las cosas que pueden suceder. Y cada noche, al acostarme, pienso en lo que puede suceder mañana. Y eso me mantiene con ganas. Es cierto, a veces los sueños superan la razón... Pero siempre hay algo que termina demostrando que la razón no lo es todo. Los sentimientos nunca podrán ser explicados racionalmente. Los sueños suelen ser ideas irracionales. Colón soñó con un mundo redondo, y la gente lo creía loco, irracional. Él decidió seguir su "irracionalidad", y se encontró con un mundo completamente nuevo. La gente creía que ir al espacio era una tontería, un juego de niños, y ahora, podemos observar galaxias distantes desde nuestra computadora. No se puede confundir jamás la locura y la demencia, con los sentimientos y la irracionalidad guardada en ellos. Hemos visto tantas veces cómo "los juegos de niños", lo que nadie creía posible, llegó a suceder. A veces una idea es suficiente para cambiar el mundo drásticamente, aunque sea nuestro propio mundo. A veces una idea es capaz de desencadenar una serie de eventos "inexplicables" que culminan en algo que nunca nos deja de sorprender.

A veces me tiro en el césped a ver el cielo sin hacer nada más. Me quedo viendo las nubes, y dejo que el tiempo pase a mi lado. Y me da una especie de cosquilleo en el estómago, como un asombro al ver algo tan profundo, que parece no tener límites. Un azul bello que me inspira calma, como una mano amiga que se ubica en mi hombro y me tranquiliza, como que todo estará bien, que no estoy loco por pensar así. Y me quedo así, por un largo rato, simplemente admirando ese azul. Y me siento como si estuviera viendo cara a cara mis sueños. Como que sólo necesito extender mi mano y sujetarlos para que no sean llevados por las nubes. Esa inmensidad me recuerda de todas las cosas que se vieron tan lejos hace mucho tiempo, tan imposibles de alcanzar, y que sucedieron. Fue como tocar el cielo con la punta de mis dedos... Como que la razón me volvió la cara por vergüenza a admitir que se había equivocado. Realmente, muchas cosas son inexplicables. ¿Cómo expresar lo que sientes cuando te abrazan con cariño? ¿Cómo expresar la felicidad que te inunda cuando te dan un beso? ¿O la emoción al recibir un regalo que no esperabas? ¿Cómo decir en palabras lo que te recorre cuando alguien te dice "te amo" o "confío en ti"? Son sentimientos en los que las palabras son obsoletas, que ni el más grande poeta ni el más emotivo músico pueden lograr transmitir en su totalidad. Son éstas sensaciones las que te permiten entender que no hay algo como demasiada felicidad, cuando una vez que sientes algo así, no puedes dejar de soñar con la próxima vez que te sentirás así. Que no existe algo como demasiado tierno, demasiado bello, demasiado amor... Uno no puede medir cuánto se ama a alguien, ni cuán precioso fue un momento. Algo tan delicado que no se puede percatar con ninguno de los 5 sentidos, pero tan intenso que puede afectarlos. Una mirada es capaz de llenar nuestros ojos con lágrimas de felicidad, o una palabra de cariño que silencia todo lo demás, un instante de sorpresa que deja nuestras bocas secas, un beso que hace que nuestra piel se erice, o tan sólo una cobija cuyo aroma es capaz de enviarte a recuerdos que habías olvidado. La razón no tiene cabida en estos momentos porque no cree que algo así sea posible. La razón no conoce lo que es esto. Pero nosotros, que tenemos guardada una parte de locura, sí podemos creer en esto, ya que así como la locura, así como el inmenso cielo azul, estos sentimientos no conocen límite alguno. Solo flotan en el aire, se dejan llevar en el viento libremente... Y si tenemos la fe, la esperanza, y la convicción, puede que esos sueños infinitos, cargados de locura y que sobrepasan la barrera de la razón, se dejen atrapar por nosotros. Y entonces... entonces, finalmente, podremos entender porqué cuando vemos al cielo, sentimos que hay algo más ahí que no podemos ver, pero que sentimos ahí. Porque hay cosas que requieren algo de locura para poder entenderse. Y creo que por eso el cielo está ahí. Para recordarnos que necesitamos desviar la mirada de lo que tenemos enfrente y que nos es obvio, porque debemos ver más arriba del horizonte para apreciarlo, porque debemos ser capaces de dejar la razón de lado para poder entenderlo, y porque debemos ser capaces de soñar para poder sentirlo.

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