lunes, 9 de junio de 2008

De puertas e iniciativas

Altos y bajos... bajos y altos. Es casi como tener una doble personalidad. Un día, tengo una actitud, otro día tengo otra, y ocasionalmente, se vuelven una sola y crean una confusión en mi cabeza. Pero poco a poco logro encontrar un punto medio donde logro definir lo que soy y lo que quiero hacer y pensar.
Pues tal y como lo había pensado, muchas puertas se han presentado frente a mí: trabajos, proyectos, amistades... de todo un poco en realidad. Y otras puertas se han mantenido cerradas. Esto por dos razones, según he logrado descifrar en mí:
  • Porque sé que no son buenas opciones. Si las abro, puedo crear un verdadero desastre no solo en mí, sino en otras personas. Recientemente intenté cambiar mi actitud y volverme un poco más impredecible, por decirlo de algún modo. Y me di cuenta de que no puedo cambiar quién soy si en lo que me convertiré es en algo que sé que no soy yo. No puedo dejar de ser amable, tranquilo, caballeroso... Son (considero yo) virtudes que me costaron mucho adquirir y que me han ayudado a salir adelante y me volvieron quien soy ahora. Los cambios son buenos, claro está. Pero solo si los cambios traen consigo más bien que mal.
  • Porque no soy yo quien debe abrir la puerta y dar el primer paso. No necesariamente por ser testarudo, sino porque antes, era uno quien abría la puerta, y ahora, necesita saber si la puerta "quiere" abrirse por sí misma. Dicen que tener la iniciativa es bueno, pero a veces necesitamos ver si las demás personas están dispuestas a tomar la iniciativa por uno. Algo así como ver si la otra persona considera que valemos la pena. En situaciones difíciles, salimos heridos, y cuando perdemos algo, perdemos parte de nosotros mismos también. Y a veces sentimos miedo de abrir una de ésas puertas por miedo a que se nos cierre en la cara, o tal vez porque necesitamos saber si del otro lado, hay alguien que también desea abrirla. Es bastante confuso... Yo todavía no logro entenderlo del todo bien. Si sé que tengo al menos una puerta así: que no la abro no porque no quiera, sino por miedo a no encontrar nada del otro lado. A veces uno desearía poder poner una luz de neón para que del otro lado vieran que la puerta está abierta de mi lado, pero tomando en cuenta que todo esto es simplemente una metáfora de muchas cosas que son abstractas, no es posible.
A veces necesitamos ver si valemos la pena, por ponerlo de alguna manera. Por miedo, por timidez, por muchas cosas... En mi caso, porque yo tuve la iniciativa antes porque sé que cruzar ésa puerta vale la pena. Ahora, no quiero tener la iniciativa, porque quiero ver si yo valgo la pena. Y ésto lo sabré con el tiempo.

2 comentarios:

A. Amador dijo...

Interesante. No abrir la puerta sino dejar que alguien más la abra por uno. No entrar sin invitacion, sino esperar a que te inviten.

Y negarse al cambio del yo. Soy como soy. Al que le gusta excelente, al que no tambien.

Me recuerda un poco mi situación. No hay que lamentarse nunca de ser uno mismo, y mucho menos cambiar porque la sociedad lo pide indirectamente

Carla dijo...

No me diga que el dragón es lo que creo que es...