lunes, 26 de enero de 2009

Anécdota de un taxista

Hoy iba en un taxi, y a mi me encanta hablar con los taxistas, porque tienen las historias más divertidas. Pero ésta, en especial, me encantó.
Resulta que cuando uno va a un motel, y alguien lo choca, esa persona se puede dar a la fuga fácilmente, porque la policía no llega ahí. Así que es demasiado arriesgado ir a un motel con el carro. Incluso, si entras con un taxista, el taxista te cobra más, porque si lo chocan adentro, él tiene que pagar el arreglo.
Yo estaba hablando de eso con el taxista de hoy, que ya lo conozco porque cuando voy tarde a la universidad, él es quien llega cuando necesito un taxi. Y me contó una historia sumamente divertida. Resulta que él, una noche, tuvo que llevar a una pareja a un motel. Ahí mismo lo chocaron. Claro, la persona que lo chocó, se dio a la fuga. Sin embargo, el taxista se pudo fijar en la placa del carro y el modelo. Días después, por mera casualidad, se encontró el mismo carro que lo había chocado. Entonces, el taxista se bajó, y se encontró a un señor, con su esposa y sus dos hijos montados en el carro. El taxista le dijo "Disculpe, señor, es que yo tengo que discutir algo con usted en privado". El dueño del carro, extrañado, se bajó. Y el taxista le dijo que tal día, a tal hora, en tal motel, él lo había chocado, y que él no quería tener que discutir de eso enfrente de la esposa, porque era lógico que no había ido con la esposa al motel. El taxista le pidió que le pagara los daños causados por el choque. El señor le dijo que claro, que con todo gusto, y que qué pena. Él le pagaría todos los daños con una sola condición: que le contara lo que le había contado a la esposa. El taxista, extrañadísimo, no tuvo más opción que aceptar. Así que el señor llamó a su esposa, y le pidió que se bajara del carro. Y el señor, con su esposa al lado, oyó de nuevo la historia del taxista. La señora estaba totalmente pálida, atónita, y no podía creer lo que decía el taxista. El taxista no entendía la situación. Y el señor, al ver la cara de confusión del taxista, le dice "Es que ése día, a ésa hora, era mi esposa la que andaba el carro". Curioso, ¿no? La situación fue tal, que el taxista fue llamado a declarar en el juicio del divorcio, y el señor no tuvo que darle nada a su ex-esposa, y hasta se quedó con los hijos, y la señora, se quedó sin nada.
No sé, esta anécdota es de las más divertidas que me han contado. Y me pareció que sería muy divertido relatarla. Después de todo, ¿quién diría que el destino iba a tener un sentido del humor tan interesante?

3 comentarios:

Carla dijo...

Wow. Comparto tu fascinación de hablar con los taxistas, pero nunca me han contado una historia así. Good Lord.

Yo generalmente le hablo a los viejitos o a los que me dicen "muchacha, ¿no le importa que le hable?"... Porque sí, posiblemente te hayan tocado pocos taxistas gays, pero con las mujeres muchos se ponen resbalosos.

nickyfc dijo...

Creo que los taxistas cartagos no tienen tan buenas anécdotas, pero excelente historia.

Y como carliux, siempre le hablo a los taxistas viejitos, porque sí, de vez en cuando te toca el taxista resbaloso.

Nacho dijo...

Jajaja... Pues, tengo muchas anécdotas de taxistas. Ahí luego contaré otra. Pero me alegra que les haya gustado ésta. :P