
Honestamente, no sé por dónde empezar ésta entrada. Tengo tantas cosas que quiero decir, pero no sé qué poner primero. Creo que lo mejor es empezar por lo más importante: Arce. ¡Qué no nos ha enseñado Arce...! Nos mostró el verdadero significado de valentía, perseverancia, amistad y sobretodo, fuerza. Al pensar por todo lo que ha pasado (y aún así, sé que no me imagino ni la mitad de las cosas por las que ha pasado...), me asombro del coraje que él ha tenido. Nunca se ha rendido. Ha luchado por años contra el cáncer, y nunca dijo no a un tratamiento, nunca dijo que no se podía hacer. Nunca dijo nunca. Luchó y logró su sueño, que era graduarse del colegio con nosotros, sus compañeros. Y nunca dejó de pelear por recuperarse. Por cosas de la vida, por cosas que simplemente, no podemos entender y que nos parecerán injustas, su enfermedad no cedió. Pero él nunca ha dejado de sonreír. Y no me imagino las fuerzas que ha tenido para enfrentar su situación, y no dejarse caer. Realmente, es una persona digna de la más grande admiración que podamos sentir. Es un ejemplo a seguir. Nunca rendirse, nunca dejarse caer, nunca dejar de sonreír, luchar por tus sueños, y luchar por vivir. Y luchar a pesar de todo. No hay palabras para expresar el valor de Arce. Simplemente... no hay palabras.
Cuando me enteré hoy que Arce ya estaba en su casa, con su familia, sentí algo en la garganta. Por un instante, me imaginé qué sería estar en su posición. Y me asusté, realmente me asusté. Me senté al pie de un arbol, y me puse a pensar. ¿Cuántas cosas he dejado de hacer, cuántas cosas quiero hacer, cuántas cosas quiero decir, expresar...? Hay tantas cosas pendientes, y que uno en realidad no sabe si podrá lograrlas. Nunca se sabe lo que pasará a unos instantes en el futuro. Me imaginé haciendo muchas cosas en el futuro, trabajando, con una familia, o algo así. Pero todos esos sueños no están asegurados. Y me hice una pregunta a mí mismo: ¿Qué harías si supieras que te quedan solo unos años para dejar este cuerpo? Y me dieron ganas de llorar. Realmente me sentí sumamente triste. Pensar que tantas cosas que quería hacer, no se lograrán... Tantas cosas por las que he luchado, y que no podré alcanzar... Se me partió el alma. Y pensé en todas las cosas que quiero hacer, y que dejé de hacer, las cosas que quería decir... Tantas cosas, en realidad. Y cada vez me sentía más triste. Y me vino a la mente algo que suelo pensar a veces: "Hay que aprovechar el día", conocido también como "Carpe Diem". Si supiera que no viviré tanto como espero, ¿qué haría? Primero, me sentiría como idiota por haber perdido tanto tiempo. Luego, me darían ganas de llamar a tantas personas... y decirles tantas cosas... Me sentiría tonto por todos los besos que no di, por todas las palabras de cariño que no mencioné... Por todas las sonrisas que oculté, por todos los chistes que no conté... Dios, son tantas cosas.
Inmediatamente, me di cuenta que realmente no sé cuánto tiempo me queda. Y esa incertidumbre es lo que nos mantiene a todos "tranquilos". Por que muy pocas veces nos detenemos a pensar "¿Cuánto me queda?". Creemos que nos queda MUCHO tiempo. Pero luego llega un momento y nos damos cuenta que nos queda tan POCO tiempo. Y no sabemos en qué rayos se nos fue todo ese rato. Nos damos cuenta de las cosas que eran realmente importantes y que dejamos de lado por otras cosas que, después, no resultaron ser lo que realmente necesitábamos. ¿Realmente es necesario perder algo para entender lo importante que era? Es horrible pensar que dejamos ir algo que era lo que necesitábamos con más fuerza. No podemos ser adivinos y saber qué es lo que más nos convendrá a futuro, pero sí tenemos algo en nuestro interior que nos dice con bastante certeza lo que realmente nos conviene. Y rara vez falla.
Hoy es un día para pensar en serio. Dejar por un minuto todo lo que nos preocupa, y pensar en cada uno de nosotros. Detenernos por un minuto, aunque sea, y preguntarnos: "¿Qué tal ha sido mi viaje hasta el momento?". Yo admito que no puedo decir que mi viaje ha sido nítido, sin problemas ni lágrimas. Pero darme cuenta de eso, creo que servirá para saber qué caminos seguir. Me ayudará a ver qué es lo verdaderamente importante y no lo que me desvía de mis verdaderas metas. Al fin y al cabo, todos tenemos la misma meta: sobrevivir de la mejor manera posible. Así que... pensemos por un momento eso. ¿Qué queremos cambiar? ¿Qué queremos realmente? ¿Qué es más importante? Y al rato, nos daremos cuenta de que tal vez tenemos algo que cambiar. O tal vez tendremos la suerte de decir "Voy bien". Pero no sabremos la respuesta hasta no hacer la pregunta. Así que yo te pregunto: ¿Qué tal va tu viaje?
No hay comentarios:
Publicar un comentario