Hay cosas a las que nunca nos acostumbraremos. Eso es parte de la vida. Simplemente, ciertas situaciones son màs de lo que podemos controlar. No podemos evitar que sucedan cosas, no podemos evitar sentir un impulso, un latido en el corazón que rompe el ritmo...
Hoy me afectó mucho lo de Arce. Y lo que empeoró las cosas fue recordar los funerales de viejos amigos. Fue todo tan real. Recuerdo el primer funeral de un amigo. Teníamos 5 años, y èl murió de dengue. Fue la primera vez que comprendí lo que "morir" significaba. Y fue todavía más duro comprender que todos los que conozco, morirán tarde o temprano, incluyéndome. Fue bastante duro para mí comprender lo que una muerte significaba. Tres años después, recibí una carta que me notificaba la muerte de una de mis mejores amigas. También murió de dengue. Y esa muerte me dolió por muchas cosas, pero sobretodo porque ella me gustaba. Tal vez era un enamoramiento infantil, pero el sentimiento estaba ahí, y dolió mucho saber que ella ya no estaba ahí. Además, ella era de República Dominicana, y yo estaba en Costa Rica, así que no la vi durante esos años, y no fui al funeral. Eso me dolió mucho, ya que nos escribíamos como 3 veces al mes, y aún conservo las cartas. Creo que de ahì empezó mi problema por confiar en la gente. Después, ya terminando la escuela, uno de mis mejores amigos murió en un accidente de autobús. Ese accidente fue algo que sí me impactó mucho, ya que yo estuve a punto de subirme con él para ir a su casa. Ahí entendí lo frágil que es la vida, y la suerte que tengo de estar vivo. La razón por la que no fui con él fue porque ése mismo día mi novia de la escuela acababa de terminar conmigo, y yo andaba un poco desanimado como para ir a ver tele. Fue realmente por pura casualidad, como quien dice "No me tocaba".
Desde entonces he aprendido que en cualquier momento, nos podemos ir. Así que hay que pensar bien las cosas para luego no arrepentirse. En la misa, Fray Víctor dijo algo muy interesante acerca de lo que es importante. Que a veces somos egoístas, y nos olvidamos de lo que realmente vale. Que dejamos de lado los problemas en vez de enfrentarlos, y que tratamos de ocultarnos y esconder lo que sentimos. Y que Arce nos enseñó que cada minuto de la vida es único, y es un tesoro, y hay que aprovecharlo en aquello que realmente vale la pena. La muerte de un amigo más resulta un recordatorio de todo lo que he aprendido en cada funeral de cada amigo. Y la importancia de saber vivir bien.
Por eso es que lo de Arce me afectó más de lo que yo esperaba. Porque fue revivir todo lo que había vivido antes. Recordar a la gente que quiero y que no veré por un buen rato. Porque cada vez, aprendí algo nuevo de mí mismo, y me hice más fuerte. Hoy aprendí que por más que me golpee la vida, y por más oscuro que se vea el final, hay que seguir luchando. Que una persona sí hace la diferencia. Que a veces la situación escapa de nuestras manos, y no es posible cambiarla. A veces tenemos que cambiar nosotros para adaptarnos mejor. Debemos convertirnos en mejores personas, más fuertes, más humanas y más sabias. Cambiar no es dejar de ser uno mismo... Es agarrar lo bueno que tenemos en nosotros, dejar lo malo, y meter mejores cosas. Así, seremos mejores de lo que éramos antes. Nunca dejaremos de ser quien realmente somos, pero sí podemos intentar cambiar pequeños detalles que nos ayudarán en el futuro. Yo en la escuela nunca sonreía. Cuando murió Maria Rosa, aprendí que la vida está hecha de cristal, y que no se puede evitar que se quiebre algún día, pero mientras esté completo, se puede decorar, se puede embellecer. Y desde entonces, he intentado sonreír, y hacer que los demás sonrían. No dejé de ser quien yo era. Mejoré. Sigo pensando muchas cosas de la misma manera en que pensaba antes. Pero no tiene sentido vivir siempre siendo la misma exacta persona siempre. Sino, no podríamos adquirir experiencia, no aprenderíamos a amar, no sabríamos lo que es crecer como persona.
Arce cambió muchas cosas en mí, y me recordó muchas otras que necesitaba recordar. Así que, por más duro que sea el camino, no se puede sino recorrerlo con la cabeza en alto. Cuesta, duele, arde, y es injusto, pero no mejorará si nos quedamos ahí. Hay que seguir adelante con la esperanza de que habrá algo mejor. Y sino, al menos tendremos la satisfacción de decir "Lo intenté...". No hay derrota más dolorosa que la que nunca se luchó. Arce luchó con todas sus fuerzas. Y él ganó. Realmente ganó. Y nosotros ganamos mucho gracias a él. Gracias por todo Arce. Gracias.
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