Hoy fui de compras con mi madre a San José. Y fue bastante entretenido, ya que era ir con ella o quedarme encerrado en la casa. Y aproveché para hablar de todo un poco. Y aquí un dato curioso: yo siempre he estado muy interesado en mis raíces, en responder la pregunta "¿De dónde vengo?". Y decidí pedirle a mi mamá que me contara historias que a ella le contaron de pequeña, de algo que le sucedió a algún familiar o algo así. Y me contó una historia que cautivó mi interés.
Mi familia por parte de mi mamá siempre ha sido muy religiosa. Y entre más atrás en la línea genealógica, más religiosa es. La historia que me contó mi madre sucedió hace más o menos 50 años. Resulta que una tía de ella (tía abuela mía) llamada Mercedes iba siempre a misa los sábados y los domingos sin falta. Y ocasionalmente, se encontraba con la misma señora de siempre, y aunque nunca hablaban, siempre la saludaba, ya que la cortesía de ésa época (que lamentablemente ya se perdió) era saludarse, aunque fuese un "Buenos días" o algo así. Un día, Mercedes llegó a la iglesia un sábado, y no se encontró a la señora. Mercedes no le dio importancia.
A la semana siguiente, llegó a la misa del sábado. Y se encontró a la señora otra vez. Sin embargo, la señora tenía un aspecto muy triste. Y Mercedes no pudo evitar preguntarle la razón de su ánimo. La señora le respondió que últimamente no le había ido bien, y le pidió a mi tía abuela que rezara mucho por ella, a lo que mi tía abuela accedió. Y la señora se fue, sin entrar a la misa. Mercedes se extrañó, pero no por eso faltó a la misa. Y durante esa semana, cada noche, sin faltar, dedicaba una oración a la señora.
A la siguiente semana, el sábado, entró a la iglesia, y vio que había un funeral. Cuando vio la fotografía de la persona que había muerto, vio que era la misma señora que le pidió la oración. Sintió lástima porque había llegado a tenerle cariño, a pesar de no haber entablado conversación con ella. Cuando preguntó que qué le había sucedido a uno de los presentes en el funeral, le comentaron que había pasado un más o menos un mes en el hospital con una fuerte neumonía y que había muerto la noche anterior. Mi tía abuela se extrañó porque ella la había visto la semana pasada y no parecía enferma, pero no pudo hacer más preguntas porque la misa había comenzado.
Esa misma noche, Mercedes le dedicó otra oración a la señora. Y de repente, en la puerta de su cuarto, vio a la señora ahí, de pie. Pero ya no se veía triste. Se veía como alguien que tiene mucho sueño, pero se ve animada. Y claro, mi tía abuela no podía moverse del susto. La señora había muerto, y sin embargo, estaba ahí, en la puerta de su cuarto. Y la señora pronunció éstas palabras: "Gracias por todo. Por esto, el polvo de la tierra te alimentará a ti y a toda tu familia" y se deshizo en el aire. Mercedes, muerta del susto, empezó a llamar a gritos a todos los de la casa, y todos llegaron al instante, y al oír la historia, se preocuparon, ya que Mercedes nunca fue supersticiosa. Y nunca más volvió a aparecer la señora frente a mi tía abuela.
Según la interpretación de mi tía abuela, la señora le había puesto una bendición a toda la familia. Una bendición que evitaría que cualquier pariente pasara hambre. Claro, la historia es en parte fantasía. Sin embargo, mi mamá agregó algo al final que fue lo que acabó el cuento con broche de oro. Antes de nacer yo, mis padres, junto con mi hermana, vivían en La Guinea, famosa por sus increíbles inundaciones. Mi papá estaba en San José, y mi hermana y mi mamá se quedaron en La Guinea. Y sucedió una de las inundaciones más serias que ha habido en ése lugar. Mi mamá y mi hermana pasaron una semana en el techo de la casa (literalmente, en el techo) debido a que el agua cubría las casas casi por completo. Y sin embargo, a pesar de estar una semana ahí, hasta que llegó un helicóptero, nunca pasaron hambre. Siempre tuvieron "suerte". Mi madre pudo agarrar unas cuantas latas de comida y unas botellas de agua justo antes de tener que subir al techo de la casa por el agua. Cuando se les acabó la comida, pasó un señor en un pequeño bote con comida, que andaba repartiendo comida para los que la necesitaban, y también les dio agua. Cuando se terminó la comida, llegó un vecino en una balsa que les dio comida y agua. Y justo cuando se les acabó, llegó el helicóptero que las sacó de ahí. Y en toda la semana, completamente aisladas y sin forma de salir de ahí, nunca pasaron hambre. Mi madre dice que fue realmente mucha suerte. Hubo mucha gente que padeció de hambre durante esa semana, y ellas nunca pasaron por eso. Y eso fue lo que le dejó la duda de si la bendición era fantasía, o era real. Personalmente, me gusta creer que es real.
Mi mamá también me comentó que un día, ella y yo estábamos en el carro, y yo iba en el asiento de adelante. Yo tenía cerca de 5 años. Y algo estábamos hablando, que yo me volví hacia el asiento de atrás, y dije "¿Verdad que sí, abuelito?". Mi mamá frenó en seco, y volvió a ver hacia atrás, y no vio a nadie. Pero lo que la asustó fue que mi abuelo había muerto hacía 2 meses. Y lo divertido es que yo si tengo la imagen del momento, y si recuerdo ver a mi abuelo en el asiento de atrás, y la cara de mi mamá asustada.
Y mi mamá siguió contandome historias similares. Ella esta convencida totalmente de que mi abuelo sí nos está cuidando constantemente. Me contó que un día encontró las cortinas de mi casa arrolladas en las sillas de una manera que sólo mi abuelo acostumbraba a hacer. Y que una vez, Pancho, nuestro perico, empezó a decir "Mali, Maliquilla", y así era como mi abuelo llamaba a mi mamá. Pero el perico lo compramos después de que murió mi abuelo, y sólo mi abuelo llamaba a mi mamá así, por lo que nunca averiguamos de dónde había aprendido a decir eso. Y así hay historias de historias.
Y al oír todas esas historias, realmente me importó muy poco si eran o no fantasías. Al final, lo que importa es lo que yo decido creer. Y decidí creer que sí son ciertas. No puedo probar con certeza que hay alguien ahí, cuidándome. Pero sí sé que tengo un ángel cuidándome. ¿Por qué lo creo? Es difícil de explicar, pero realmente tengo ésa certeza. Al rato sólo es porque me siento seguro y a salvo, o porque a veces siento que no soy el único que se ríe de mis tonteras cuando estoy solo en mi casa. Pero sí sé que tengo a alguien cuidándome. Y tengo que admitir, no soy alguien que practica mucho la religión católica, pero no por eso soy menos católico o espiritual que alguien que va a misa cada domingo. Y sí siento que hay alguien cuidándome las espaldas.
Ya me dedicaré otro día a hablar de todo esto con más detalle. Ya son las 2 de la mañana, y es hora de descansar. Al fin y al cabo, fue un día muy agradable. Aprendí mucho de mis antepasados, y otras historias muy curiosas. Y sólo con éso, puedo declarar que éste día fue todo un éxito. Ahora sí, a dormir se ha dicho. Sólo falta que alguien me diga "Que sueñes con los angelitos"... Jajajajaja.... La verdad, no creo que haga falta...
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