lunes, 14 de julio de 2008

Salida de emergencia

Esta semana ha sido un caos, realmente. Que les diré... Ha pasado de todo un poco. Y ya llegué al punto en que me quiero largar de todo por un rato. Simplemente, escapar por un rato. Eso hice hoy. Y fue bastante agradable. Caminé por un buen rato. Primero, fui a uno de mis lugares favoritos, cerca de un teléfono público (que por cierto, guarda una historia bastante divertida relacionada con tarjetas colibrí y cosas que uno hace por amor... toda una odisea) y me quedé ahí a pensar. Fue un rato agradable. Pero yo quería ver más. Así que me fui de ahí y regresé a el lugar que yo solía llamar hogar: la Sinfónica Nacional. Entré ahí después de un buen rato de no entrar. Todo estaba más pequeño de lo que lo recordaba. Pero era básicamente el mismo lugar. Fue algo extraño lo que se apoderó de mí en ése instante. Era como que cada centímetro ahí guardaba una historia mía: aquí me caí cuando iba tarde al concierto, aquí cambié la cuerda antes del examen, aquí hice el recital navideño... Tantas cosas en cada espacio. Y como siempre, casi que pude verme a mí mismo en esas situaciones. Fue realmente simpático. Recorrí todo el lugar. No había nadie debido a las vacaciones, así que había un gran silencio. Me encontré a doña Lupe, la señora que practicamente manejaba toda la institución, y que siempre me quiso montones. Cuando me vio, me invitó a tomar café. Me regañó por no haber vuelto en años, pero se alegró montones al verme tan grande y cambiado, porque la última vez que me vio no era más que un niño (en 9no), y que ahora me veía como todo un adulto (creo que exageró... pero igual me hizo reír). Me preguntó que qué era de mi vida, y me tomó dos horas para contarle TODO lo que había sucedido desde que dejé la sinfónica hasta el día de hoy. Me hubiese gustado grabarme, ya que conté todo lo que me había sucedido. Y ella me escuchaba muy atentamente, interesadísima, lo que me sorprendió. Al final, me dio muchos consejos, sobretodo de amor (lo que me dio mucha risa, pero a la vez me sorprendió porque me dijo muchos consejos muy sabios y sobretodo, me animó y me dijo exactamente lo que necesitaba saber), y ella se puso a contarme sobre lo más interesante que había sucedido recientemente en la institución.
Después de hablar hasta por los codos, me dio una increíble sorpresa que jamás habría esperado, y que de hecho me sacó una lágrima (no es metáfora). Me dijo "Machito", si, me dice Machito..., "¿no querés recordar viejos tiempos con la viola?". (Para los que no sabían, estudié viola, algo así como el violín pero un poco más grande, desde los 5 años, hasta 9no grado, que me retiré de la sinfónica). Le respondí que si, que me encantaría, y me dijo "Bueno, pero regalame unos minutos, ya vuelvo". Así que me quedé ahí, esperando con mi taza de café (tomé como 20 tazas de café) y recordando tantas cosas de ese lugar tan mágico para mí. Al rato volvió doña Lupe y me entregó el estuche de una viola. Sentí algo así como lo que uno siente cuando uno ve a alguien muy querido que no ve en mucho tiempo. Y cuando abrí el estuche, sentí algo en el alma. Era el mismo instrumento que yo había usado desde los 11 años. Mi vieja viola.
Esa viola y yo tenemos miles de historias juntos. Recuerdo cuando me la dieron. Como estaba creciendo, tenía que ir cambiando de instrumento para que calzara con mi tamaño, hasta que a los 11 años alcancé el tamaño necesario para usar la medida más grande para una viola. Así que me dejaron entrar a la bodega de instrumentos, y me puse a ver violas. Vi distintos estilos, pero ninguno me llamó la atención, excepto una. Una viola que estaba en el estante más bajo, en un estuche hecho pedazos. Abrí el estuche, y ahí estaba, sucia, con pedazos faltantes, sin cuerdas... daba lástima. Pero la elegí, y la llevé a reparaciones. Cuando me la entregaron reparada, fue como magia. El sonido que emanaba era realmente hermoso, y las vibraciones eran hasta cálidas. Con ella gané varios concursos, hice varias audiciones para distintas orquestas (que por cierto, vi una de ellas en la tele hace unos días... La orquesta juvenil centroamericana... me dio risa pensar que no quise tocar ahí :P), y cada vez que sentía miedo o tristeza o me sentía enojado, yo tocaba, y ella me calmaba increíblemente. Yo se, era solo una viola... pero fue el cariño que le agarré que la volvió más que un instrumento. Y me partió el alma cuando la tuve que entregar al salirme de la sinfónica. Casi que lloré. (Si, tengo el pequeño problema de apegarme mucho más de lo que debería, tanto a personas como a objetos).
Y nuevamente, ahí estaba ella. Justo y tal como la había dejado. Doña Lupe me contó que varios habían usado esa viola antes, pero que al final terminaban comprándose su propio instrumento, y que por eso estaba ahí. Y estaba frente a mí. Fue realmente una bella sorpresa. La agarré, la afiné, y toqué unas cuantas notas para oírla de nuevo. Y no pude evitar sonreír. Cerré los ojos y empecé a tocar. Sentía como mi mano izquierda empezaba a sentirse adolorida por falta de práctica, pero aún así, seguí tocando. Y no me detuve por nada del mundo. Si algo logré desarrollar yo durante mis años en la música fue la memoria de mis dedos. Me salvaron más de una vez que se me olvidó la partitura en algún concierto o en alguna clase. Y no me fallaron hoy. Toqué de memoria varias piezas. Y cada vez que terminaba la pieza, doña Lupe me aplaudía y pedía otra. Y yo, encantado, tocaba otra canción.
Se me pasó la tarde volando así. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba algún escenario, algún teatro, algúna iglesia donde toqué alguna vez. Y me dejaba llevar, como si estuviese en el lugar, en ese momento preciso. Le agradecí a doña Lupe por la increíble sorpresa y por haberme dejado recordar los viejos tiempos con mi queridísima Elena (no se burlen). Ella me dijo que no me preocupara, que la visitara otra vez y que ella me prestaría otra vez el instrumento. Antes de irme, le di una vuelta más al lugar entero, fui a mi antigua clase, fui a la sala de recitales y conciertos, me senté en mi antiguo puesto en la orquesta, y vi el atardecer que siempre me dejaba ciego en los ensayos por quedarme la puesta del sol justo en la cara. Recordé bromas, risas, peladas... Recordé muchas cosas. Fue como volver en el tiempo, realmente. Sentí una increíble nostalgia. Pero a la vez, sentí un gran alivio porque recordé la paz que me traía ese lugar. Así que me despedí de todo y volví a mi casa. Y cuando llegué, todo estaba en silencio. Así que saqué mi viola (tengo mi propia viola en mi casa) y empecé a tocar. Mis padres se extrañaron porque llevaban años de no oírme tocar. Y como que sus ánimos se calmaron un poco. Hasta se veían un poco mejor. Había olvidado que cada vez que yo tocaba, todos en mi casa se sentían más relajados. Así que... creo que volveré a la música clásica. No dejaré la guitarra porque me fascina. Pero creo que visitaré de nuevo los viejos libros de partituras de Bach, Mozart, Telemann y Vivaldi. Después de todo, antes de irme, doña Lupe me dijo algo que fue más acertado de lo que ella cree. Me dijo "La música realmente no cambia. La gente es la que cambia". Creo que ella me mencionó eso porque le dije que extrañaba la música clásica. Pero ese comentario que me hizo ella se aplica muy bien para muchas cosas. Si he cambiado mucho. Y he mejorado. Mi personalidad ha cambiado. He aprendido mucho, y me he vuelto más inteligente y más fuerte. Y son esos cambios los que nos ayudan a traducir mejor las cosas, a entenderlas mejor. A veces creemos ser débiles porque alguien nos hace sentir así, y con el tiempo, nos damos cuenta que nosotros no somos los débiles. La gente cambia, las situaciones cambian con ellas, y así es como uno aprende a crecer realmente. Y a veces los cambios se deben forzar y hacerlos por voluntad, no dejarlo todo al "destino". También somos capaces de controlarnos en parte, y debemos ser capaces de saber qué necesitamos mejorar, e impulsar ése cambio. No quiero ser siempre el mismo. Quiero ser una buena persona, sí, pero si sigo siendo el mismo siempre, no mejoraré. Prefiero arriesgarme a cambiar y buscar mejorar que estancarme con mis ideas y no mejorar por miedo a empeorar.
Hoy fue un día sumamente importante para mí. Fue una salida para todos los desastres de esta semana. Y era necesario. Además, creo que volveré a la viola (pero no a la Sinfónica... prefiero estudiar solo). Eso me ayudará a calmarme. Y quién sabe... tal vez mi música cambie, y con suerte, mejore.

1 comentario:

Carla dijo...

Comentaría algo lindo... Pero el header feo hace que sólo salgan comentarios feos....